El nudo de transporte más concurrido de Berlín Oriental era al mismo tiempo una estación fantasma. Los andenes de las líneas U2 y U5 daban servicio con normalidad a los berlineses orientales, mientras que el andén de la U8, físicamente separado, permanecía clausurado y patrullado por guardias mientras los trenes occidentales pasaban sin detenerse.
Alexanderplatz presentaba una situación singularmente insólita: el nudo de transporte más concurrido de Berlín Oriental albergaba una estación fantasma clausurada bajo tierra. Los berlineses orientales usaban a diario los andenes de las líneas U2 y U5 en sus desplazamientos habituales, sin saber en absoluto -o forzados a ignorar- que, apenas unos metros bajo sus pies, los trenes occidentales atravesaban el andén clausurado de la U8 bajo vigilancia armada.
La separación física del nivel de la U8 respecto de los andenes superiores hacía que la estación fantasma pudiera existir en completo aislamiento. Guardias armados patrullaban el andén clausurado, atentos a cualquier intento de huida. Tras la reunificación, el andén de la U8 se reabrió e integró en la estación, reconectando por fin las líneas que habían estado seccionadas durante 28 años.
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