El Muro de Berlín se construyó el 13 de agosto de 1961.
En las primeras horas de aquella madrugada de domingo, soldados y obreros de Alemania Oriental empezaron a sellar la frontera entre Berlín Oriental y Occidental con alambre de púas, postes de hormigón y barreras improvisadas. Los berlineses despertaron para encontrar su ciudad dividida de la noche a la mañana.
La operación – cuyo nombre en clave era “Rose” – se había planificado en secreto. Incluso muchos altos funcionarios de Alemania Oriental no fueron informados hasta el último momento. El primer ministro soviético Nikita Jrushchov había dado su aprobación, y 40.000 soldados y policías de Alemania Oriental fueron movilizados para hacer cumplir el cierre.
En los primeros días, el “Muro” era poco más que alambre de púas y bloques de ceniza. A lo largo de la Bernauer Straße, las fachadas delanteras de los edificios de viviendas hacían de frontera – vecinos desesperados saltaban desde las ventanas de los pisos superiores hacia Berlín Occidental antes de que las tapiaran. Una fotografía icónica muestra al soldado de Alemania Oriental Conrad Schumann saltando por encima del alambre de púas el primer día.
La reacción de Occidente fue tibia. El presidente estadounidense Kennedy, aunque en privado estaba indignado, reconoció que un muro era preferible a una guerra. Su famoso comentario – “Un muro es muchísimo mejor que una guerra” – reflejaba el cálculo de la Guerra Fría de la época. No fue hasta junio de 1963 cuando visitó Berlín y pronunció su discurso “Ich bin ein Berliner“.
El alambre de púas inicial fue reemplazado progresivamente por estructuras más permanentes, evolucionando finalmente a través de cuatro generaciones hasta convertirse en la formidable barrera de hormigón que se mantuvo en pie hasta 1989.