El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, 1987) es la lírica meditación de Wim Wenders sobre un Berlín dividido, que sigue a dos ángeles inmortales, Damiel y Cassiel, que deambulan invisibles por la ciudad escuchando los pensamientos íntimos de sus habitantes.
Damiel y Cassiel son ángeles que velan por Berlín desde antes de que fuera una ciudad. Invisibles para los adultos, se mueven con libertad por bibliotecas, apartamentos y las calles divididas, registrando las pequeñas alegrías y la callada desesperación de la gente corriente. Damiel se cansa de la pura observación y anhela experimentar el mundo físico. Cuando se enamora de Marion, una solitaria trapecista francesa, decide renunciar a su inmortalidad y hacerse humano. El envejecido actor estadounidense Peter Falk, que se interpreta a sí mismo durante el rodaje de una película sobre la época nazi, resulta ser un antiguo ángel que tomó la misma decisión, y guía con delicadeza a Damiel hacia la vida.
Rodada en 1987, dos años antes de la caída del Muro, la película es un documento irremplazable de una ciudad dividida. Los ángeles pasan sin esfuerzo entre el Este y el Oeste a través de una frontera que los humanos no podían cruzar, un silencioso reproche a la barrera de hormigón que se alza debajo. Wenders rodó en la auténtica franja de la muerte, y el desolado erial de Potsdamer Platz, entonces una tierra de nadie invadida por la maleza junto al Muro, se convierte en una de las imágenes más sobrecogedoras de la división en el cine. Un anciano llamado Homer deambula por la plaza vacía buscando el bullicioso Potsdamer Platz de su memoria.
La producción rodó por todo Berlín Occidental, incluida la Staatsbibliothek de Hans Scharoun, donde los ángeles se congregan entre los lectores, las ruinas cercanas al Anhalter Bahnhof y el propio Muro junto a la Puerta de Brandeburgo. La árida extensión de Potsdamer Platz, hoy un denso barrio de torres y emplazamiento de la estación fantasma de S-Bahnhof Potsdamer Platz, resulta casi irreconocible frente a su vacío de 1987.
El cielo sobre Berlín le valió a Wenders el premio al mejor director en el Festival de Cannes de 1987 y está considerada una de las grandes películas de finales del siglo XX. Su imaginería de ángeles sobre una ciudad herida y amurallada se ha vuelto inseparable de la forma en que el mundo recuerda el Berlín dividido. Hollywood realizó un remake, City of Angels, en 1998, pero el original perdura como poema espiritual y como registro histórico preciso de los meses previos a la caída del Muro.